LA MACROECONOMÍA DETRÁS DE LAS URNAS
Las elecciones legislativas reconfiguraron el panorama político argentino de un modo que pocos anticipaban. El partido de Javier Milei, La Libertad Avanza, obtuvo un desempeño contundente: ganó en 15 de las 24 provincias en la Cámara de Diputados y en 6 de las 8 en disputa en el Senado. Estos resultados no solo revirtieron la narrativa sobre una supuesta pérdida de influencia de Milei tras su derrota de septiembre en la Provincia de Buenos Aires, sino que además le otorgaron una ventaja estratégica en el Congreso. Con más de un tercio de los escaños en ambas cámaras, Milei ahora tiene la capacidad de proteger su legislación frente al poder de veto del Congreso. Sin embargo, aunque la victoria es políticamente poderosa, no garantiza la gobernabilidad. De hecho, abre una nueva etapa de negociación, construcción de coaliciones y limitaciones institucionales.
Las elecciones de medio término marcan, así, el inicio de una nueva etapa en la política argentina. Milei ha pasado de ser un outsider insurgente a un actor institucional. Su coalición demostró viabilidad electoral; ahora debe demostrar capacidad de gobierno y de conducción económica de largo plazo. Para ello necesitará equilibrio: mantener coherencia ideológica y al mismo tiempo construir alianzas pragmáticas; sostener apoyo popular mientras sortea los límites legislativos; y avanzar con las reformas sin provocar fragmentación política. Las apuestas son altas. Argentina sigue sumida en la incertidumbre económica, con inflación, deuda y tensiones sociales persistentes. La capacidad de Milei para obtener resultados dependerá no solo de su visión, sino de su habilidad para negociar, adaptarse y liderar dentro de las restricciones de una democracia federal.
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